Cuando una vida entera en una empresa se convierte en un libro
¿Qué puede haber en nuestra vida que, como el primer amor, no se olvida nunca?
En el caso del Sr. Leberger, sin duda, su primer trabajo. Y también el único: pasó toda su trayectoria profesional dentro de la misma empresa. Entró cuando todavía no existía la figura del becario, como un sencillo empleado que hacía un poco de todo, y fue ascendiendo poco a poco por lo que llamamos la “jerarquía empresarial”, hasta llegar a ocupar el puesto de director internacional de Ventas.
A lo largo de los años, su trayectoria le llevó por distintos países, le permitió conocer a infinidad de personas y participar en un número extraordinario de proyectos. Con el tiempo, el Sr. Leberger se convirtió en una figura de referencia para muchos de sus compañeros y, sin duda, en toda una leyenda dentro de la empresa.
Por eso, cuando esta historia llegó a mi bandeja de entrada, acompañada de un precioso correo escrito por su secretaria, supimos desde el principio que estábamos ante un proyecto muy especial.
Un regalo de jubilación en tiempos de distancia
Era la época de la COVID. Hoy, por fortuna, aquel momento nos parece un recuerdo lejano, pero entonces todos vivíamos una situación completamente excepcional, marcada por el aislamiento y la distancia.
La petición era sencilla y, al mismo tiempo, estaba cargada de responsabilidad.
Por un lado, se nos pedía hacer lo que hacemos en Book-à-Porter: crear un regalo corporativo exclusivo, único y personal, para alguien que había dedicado toda su vida profesional a la empresa. La idea era reunir las voces de compañeros, amigos y personas que habían compartido una parte de su recorrido con él y convertirlas en un libro.
Esa era, en cierto modo, la parte fácil.
El verdadero reto estaba en conseguir que aquel regalo pudiera hacer algo más: acortar las distancias y permitir que el Sr. Leberger viviera su despedida de la empresa sintiendo cerca a todas aquellas personas, incluso aunque no pudieran estar físicamente presentes.
Queríamos que las palabras de sus compañeros tuvieran todavía más fuerza. Que fueran capaces de transmitir cercanía en una despedida que, de otro modo, corría el riesgo de resultar fría y aséptica entre mascarillas, videollamadas y distancia social.
Uno de los momentos más emocionantes de la velada fue la entrega del libro a medida con la historia del Sr. Leberger.
Más de 50 personas, cuatro idiomas y una historia extraordinaria
No hay nada que me guste más que un nuevo proyecto y un nuevo reto profesional. Pero lo confieso: en esta ocasión también aparecieron algunas dudas.
Queríamos crear un regalo de jubilación realmente inolvidable, pero las incógnitas eran muchas.
¿Seríamos capaces de tejer los hilos de una misma historia a través de cuatro idiomas —inglés, francés, alemán y español—?
¿Conseguiríamos que el libro llegara a París a tiempo?
¿Seríamos capaces de contactar incluso con personas de pequeñas comunidades de África a las que el Sr. Leberger había ayudado a impulsar mediante sus proyectos de desarrollo?
Al principio, las piezas que había que reunir parecían muchísimas. Era como intentar construir un gran puzle formado por personas muy diferentes, repartidas por distintos lugares del mundo.
Pero ya desde el primer correo que compartimos con los participantes entendimos que el resultado no solo era posible: podía ser extraordinario desde el punto de vista humano.
Cuando trabajamos con equipos tan grandes, como en este caso, en el que participaron más de 50 personas, necesitamos encontrar una manera sencilla de recoger muchas historias sin complicar el proceso.
Por eso enviamos un enlace a nuestro cuestionario online, diseñado para que todos puedan participar en pocos minutos. Son solo cuatro preguntas, pensadas para activar la memoria de una manera rápida pero significativa.
Las dos primeras miran hacia el pasado compartido: preguntamos por el primer recuerdo que cada persona tiene con el protagonista y por algún momento, anécdota o experiencia especialmente significativa que hayan vivido juntos.
Las otras dos preguntas crean un puente entre el presente y el futuro: invitan a expresar un agradecimiento y a compartir un deseo para la nueva etapa que comienza.
Y, por supuesto, todo acompañado de fotografías.
Son estas pequeñas aportaciones las que nos permiten crear nuestras cápsulas narrativas: fragmentos de recuerdos, anécdotas, emociones e imágenes que, unidos, terminan construyendo una historia mucho más grande.
Las historias compartidas fueron protagonistas de la velada.
Una vida que parecía sacada de una película
Curiosamente, en este caso el confinamiento jugó a nuestro favor. Las respuestas llegaron rápidamente y fueron extraordinariamente ricas.
Y entonces comenzó nuestra aventura: “coser” todas aquellas piezas para convertirlas en un libro.
Mientras avanzaba en la edición, me fui sumergiendo en una historia que, por momentos, parecía más propia de Indiana Jones que de un alto ejecutivo.
Había fotografías de viajes en dromedario, trabajo de campo entre las plantaciones de vainilla de Madagascar, convenciones en distintos rincones del mundo y proyectos desarrollados en países muy diferentes.
Poco a poco aparecía ante nosotros mucho más que una trayectoria profesional. Estábamos descubriendo una verdadera aventura humana.
Las testimonios llegaban en distintos idiomas, pero había algo que los unía por encima de cualquier barrera lingüística: la emoción.
Y eso hizo que el trabajo de edición fuera, en realidad, mucho más sencillo de lo que habíamos imaginado. Cuando las palabras son sinceras y están cargadas de significado, la emoción se convierte en el mejor hilo conductor.
Es, de hecho, una de las cosas que más nos gustan de nuestro trabajo en Book-à-Porter: transformar recuerdos aparentemente independientes en una historia personal en un libro, con un hilo narrativo que permita reconocer a la persona detrás de toda una trayectoria.
Un libro escrito por todos
Fue emocionante no solo recibir las historias y darles forma, sino también sentir el entusiasmo de quienes participaban en el proyecto durante todo el proceso de creación.
Cada día aparecían nuevos “escritores”. Nuevas voces que querían formar parte del libro.
El proyecto había nacido por iniciativa de la secretaria del Sr. Leberger, pero pronto adquirió una dimensión mucho mayor. Cada persona sentía que tenía algo que aportar y que su recuerdo podía formar parte de aquel homenaje colectivo.
Hasta que llegó uno de esos imprevistos que, lejos de complicar las cosas, terminan convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos del proyecto.
El mismo día en que el libro estaba listo para entrar en imprenta, el CEO de la empresa descubrió la iniciativa.
Y quiso participar.
Tuvimos que detenerlo todo porque quería, a toda costa, escribir también su contribución.
Fue, definitivamente, uno de esos imprevistos bonitos que solo pueden llenar de emoción un proyecto como este.
También recibimos mensajes de agradecimiento de varias de las personas que habían participado. Nos escribían para agradecer que hubiéramos hecho posible aquel trabajo colectivo, aquella oportunidad de reunir tantas voces y convertirlas en un único regalo.
Cuando el papel también forma parte de la historia
Después de todo el trabajo editorial, llegó el momento de producir el libro.
Recuerdo con especial alivio descubrir que nuestro magnífico impresor de Barcelona tenía disponible en stock el papel que utilizamos para nuestros libros a medida artesanales. En aquellas circunstancias, conseguirlo desde Italia a tiempo habría sido complicado.
Y así, después de semanas de historias, fotografías, idiomas, recuerdos y muchas emociones, el libro emprendió finalmente su camino hacia París…
El poder de una historia compartida
Y así, finalmente, el libro llegó a París, justo a tiempo para convertirse en el protagonista de una celebración muy especial. En un hotel exclusivo de la ciudad, el equipo se reunió para despedir al Sr. Leberger como merecía, en una fiesta elegante y llena de emoción.
Pero, por encima de todo, fue el libro el que consiguió reunir de verdad a todos los presentes. Sus páginas se convirtieron en un punto de encuentro: cada fotografía despertaba un recuerdo, cada testimonio daba pie a una nueva anécdota y, casi sin darse cuenta, todos volvieron a recorrer juntos algunos de los momentos más importantes de aquella trayectoria compartida.
Durante unas horas, las distancias sociales, las mascarillas y todo lo que había marcado aquellos meses quedaron en un segundo plano.
El libro hizo posible algo que parecía difícil: que más de 50 personas, unidas por una misma historia y dispersas por el mundo, volvieran a sentirse parte de un mismo equipo. Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas que puede conseguir un libro de vida personalizado: guardar una historia para siempre, pero también crear un lugar al que todos puedan volver para recordarla juntos.
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